El Buda viviente y el tonelero
En una ciudad vivía una anciana a quien la gente llamaba el Buda viviente. Muchos acudían a verla, convencidos de que su presencia traía bendición.
Un tonelero oyó hablar de ella y quiso saber si aquella fama era verdadera.
Fue a visitarla y, al entrar, no hizo grandes reverencias. Se acercó y preguntó:
—¿Qué es el Buda viviente?
La anciana se irritó.
—¡Qué insolencia! —exclamó—. ¿Así se habla a alguien venerable?
El tonelero sonrió.
—Si una sola pregunta puede romper tu calma, ¿dónde está ese Buda viviente?
Luego se inclinó y se marchó.
Una anciana venerada como Buda viviente recibe la visita de un tonelero que la prueba con una pregunta directa y descubre si su fama sostiene el contacto real.
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