¿Qué haces? ¿Qué dices?
En tiempos modernos se habla mucho de maestros, discípulos y sucesores. Se dice que la enseñanza de un maestro pasa a sus alumnos predilectos, y que éstos quedan autorizados para transmitir la verdad.
En el zen, sin embargo, la transmisión verdadera ocurre de corazón a corazón. En el pasado reinaban el silencio y la humildad, no la proclamación. Quien recibía una enseñanza así podía guardarla oculta durante veinte años.
El maestro Munan tuvo un solo sucesor: Shoju.
Cuando Shoju terminó su estudio, Munan lo llamó a su habitación.
—Estoy viejo —le dijo—. Hasta donde sé, tú eres el único que continuará esta enseñanza. Aquí tienes un libro. Ha pasado de maestro a maestro durante siete generaciones, y yo he añadido algunas notas de acuerdo con mi comprensión. Es muy valioso. Te lo entrego como símbolo de la sucesión.
—Si el libro es tan importante, será mejor que lo conserves tú —respondió Shoju—. He recibido tu zen sin escritura y estoy satisfecho con él tal como es.
—Lo sé —dijo Munan—. Aun así, este volumen ha sido transmitido durante siete generaciones. Guárdalo como señal de que has recibido la enseñanza.
Los dos hablaban junto a una estufa. En cuanto Shoju sintió el libro en sus manos, lo arrojó al fuego.
Munan, que nunca antes se había enfadado, gritó:
—¿Qué haces?
Shoju le respondió con otro grito:
—¿Qué dices?
Shoju recibe de Munan un libro transmitido por generaciones, pero lo arroja al fuego para mostrar que el zen no depende de la posesión de un símbolo.
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