Amigos verdaderos

Un hombre llamado Shogen vivía en la pobreza, pero tenía un amigo de juventud que había llegado a ser juez.

Los dos habían estudiado zen cuando eran jóvenes. Con el tiempo, uno entró en la vida pública y el otro quedó en los márgenes, sin oficio ni recursos.

Un día Shogen fue arrestado por mendigar y llevado ante el juez.

El magistrado reconoció a su antiguo amigo. Sintió vergüenza de verlo en tal estado, pero también sabía que no podía tratarlo de manera especial ante la ley.

Shogen sonrió al verlo.

—No te preocupes por mí —dijo—. Cada uno cumple su papel.

Fue enviado a prisión por unos días. Allí enfermó y murió.

El juez pidió que le entregaran el cuerpo. Lo enterró con sus propias manos y, durante años, visitó la tumba en silencio.

Así se mostraron amigos verdaderos: uno no pidió privilegios; el otro no olvidó.

Dos amigos vinculados al zen se separan por la vida pública y la pobreza, hasta que uno muere en una prisión y el otro guarda su cuerpo con gratitud.

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