Gudo y el emperador
El emperador Goyozei estudiaba zen con el maestro Gudo.
Un día le preguntó:
—En el zen se dice que esta misma mente es Buda. ¿Es correcto?
Gudo respondió:
—Si digo que sí, creerás que entiendes aunque no entiendas. Si digo que no, negaría un hecho que muchos comprenden perfectamente.
Otro día el emperador preguntó:
—¿Adónde va el hombre iluminado cuando muere?
—No lo sé —dijo Gudo.
—¿Por qué no lo sabes?
—Porque todavía no he muerto.
El emperador vaciló. Su mente no conseguía atrapar aquellas respuestas. Entonces Gudo golpeó el suelo con la mano, como si quisiera despertarlo de un sueño.
En ese instante el emperador comprendió.
Desde entonces respetó todavía más al viejo maestro. Incluso le permitió llevar su gorro dentro del palacio durante el invierno. Cuando Gudo, ya octogenario, se quedaba dormido en mitad de una enseñanza, el emperador se retiraba en silencio a otra habitación para dejar descansar el cuerpo cansado de su querido maestro.
El emperador Goyozei pregunta a Gudo por la mente, la muerte y el despertar; el maestro responde sin complacer ni negar la verdad que el emperador todavía no comprende.
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