Sin trabajo no hay comida

Hyakujo, aunque tenía más de ochenta años, trabajaba cada día junto a sus discípulos. Cuidaba el jardín, limpiaba el terreno y podaba los árboles.

Los discípulos sufrían al verlo trabajar tan duro, pero sabían que no aceptaría descansar si se lo pedían. Así que escondieron sus herramientas.

Ese día el maestro no comió. Tampoco comió al día siguiente ni al tercero.

—Está enfadado porque escondimos sus herramientas —dijeron los discípulos—. Será mejor devolvérselas.

En cuanto las herramientas aparecieron, Hyakujo trabajó y comió como de costumbre.

Al anochecer les dijo:

—Un día sin trabajo, un día sin comida.

Hyakujo insiste en trabajar aun siendo anciano; cuando sus discípulos esconden sus herramientas, deja de comer hasta que comprenden su enseñanza.

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