Diez sucesores

Los estudiantes de zen hacían el voto de aprender aunque su maestro llegara a matarlos. A menudo se cortaban un dedo y sellaban la resolución con sangre.

Con el tiempo, aquel voto se convirtió en una formalidad. Por eso se presentó como mártir al discípulo que murió por la mano de Ekido.

Ekido era un maestro severo. Sus alumnos le temían.

Uno de ellos estaba de guardia, golpeando el gong para anunciar la hora. En ese momento una joven hermosa pasó junto a la puerta del templo. El discípulo la miró y perdió el ritmo.

Ekido, que estaba justo detrás de él, lo golpeó con su bastón. El impacto, por accidente, lo mató.

Al enterarse, el tutor del discípulo fue directamente a ver a Ekido. Sabía que el maestro no había actuado con intención de matar y elogió la dureza de su enseñanza.

La actitud de Ekido fue la misma que si el discípulo siguiera vivo.

Después de aquel suceso, bajo su guía surgieron más de diez sucesores iluminados, una cantidad muy poco común.

Ekido, un maestro severo, provoca accidentalmente la muerte de un discípulo; aun así, su enseñanza llega a producir más de diez sucesores iluminados.

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