Los sutras invisibles
Tetsugen, un maestro zen japonés, decidió imprimir los sutras para que pudieran llegar a más personas. Era una tarea enorme, así que recorrió pueblos y ciudades durante años pidiendo donaciones.
Algunos le entregaban monedas humildes. Otros, sumas considerables. Tetsugen agradecía a todos del mismo modo, porque para él el valor no estaba en la cantidad, sino en la intención.
Cuando por fin reunió el dinero necesario, el río Uji se desbordó y una hambruna castigó la región. Entonces tomó todo lo recaudado para la impresión y lo destinó a alimentar a quienes lo habían perdido todo.
Pasaron los años y volvió a empezar desde cero. Reunió otra vez los fondos, pero una epidemia se extendió por el país. Sin vacilar, entregó de nuevo el dinero para aliviar el sufrimiento.
Por tercera vez retomó su propósito. Tras veinte años de esfuerzo, logró finalmente imprimir los sutras.
Desde entonces se dice que Tetsugen hizo tres ediciones de los sutras: dos invisibles y una visible. Y que las dos primeras, aunque nunca llegaron al papel, fueron las más valiosas.
La historia de Tetsugen muestra cómo la compasión puede convertirse en la enseñanza más profunda: antes de imprimir los sutras, los vivió ayudando a quienes sufrían.
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